A veces no hace falta viajar para descubrir un lugar nuevo. Basta con caminar por el mismo sitio de siempre con una cámara en la mano y otra mirada. Eso fue lo que pasó durante el PhotoWalk organizado por Nakiesa junto a Lightroom y Adobe en Lake Eola, en el corazón de Downtown Orlando.
Hay lugares de una ciudad que creemos conocer porque hemos pasado por ellos cientos de veces.
Lake Eola es uno de esos lugares para mí.
Lo he visto de día, de noche, con eventos, con restaurantes llenos alrededor, con gente haciendo ejercicio, con familias, con turistas y con los famosos cisnes que ya son parte del paisaje de Downtown Orlando.
Pero caminarlo con una cámara y junto a un grupo de personas que también está buscando imágenes cambia completamente la experiencia.
Eso fue lo que me gustó del PhotoWalk de Nakiesa, Lightroom y Adobe: no se trataba simplemente de salir a tomar fotografías.
Se trataba de aprender a mirar.


Una caminata, muchas formas de ver
La idea de un PhotoWalk parece sencilla: un grupo de personas se reúne, camina por un lugar y toma fotografías.
Pero cuando estás rodeado de fotógrafos, creadores y personas interesadas en la imagen, empiezas a darte cuenta de algo: todos estamos viendo exactamente el mismo lugar, pero nadie está haciendo la misma fotografía.
Uno se fija en la arquitectura.
Otro en las personas.
Otro en los reflejos del agua.
Alguien espera durante varios minutos para conseguir la luz perfecta.
Otro encuentra una escena completamente inesperada en un rincón que los demás habían pasado por alto.
Y ahí está la parte interesante.

La magia está en caminar sin buscar una foto específica
Una de las cosas que más disfruté fue no tener que llegar con una idea preconcebida de lo que quería fotografiar.
Simplemente caminar.
Observar.
Esperar.
Disparar.
Seguir caminando.
Eso parece muy sencillo, pero en una época en la que estamos acostumbrados a fotografiar todo rápidamente con el teléfono, detenernos realmente a mirar es casi un ejercicio de mindfulness.
¿Qué está pasando detrás de esa persona?
¿Cómo cae la luz sobre ese edificio?
¿Qué sucede si cambio de posición?
¿Y si espero diez segundos?
¿Y si en lugar de fotografiar el paisaje fotografío el reflejo?
Son pequeñas decisiones que pueden convertir una escena cotidiana en una fotografía completamente diferente.

Lo mejor: la comunidad
Pero si tuviera que escoger una sola cosa que me gustó del PhotoWalk, probablemente no sería el lugar.
Sería la gente.
Porque hay algo muy bonito en reunirse alrededor de una pasión creativa sin necesidad de que todos tengan el mismo nivel.
Había personas con mucha experiencia, otras que simplemente disfrutan tomar fotografías y otras que quizás están comenzando.
Y todos estábamos haciendo lo mismo:
caminar y buscar algo que valiera la pena fotografiar.
Ese tipo de encuentros también sirven para conversar, compartir trucos, preguntar qué cámara usa alguien, descubrir nuevas maneras de editar o simplemente mirar cómo otra persona resuelve una fotografía.
La inspiración muchas veces aparece así: no porque alguien te dé una clase, sino porque ves cómo otra persona observa el mundo.
Fotografiar también es una forma de conocer una ciudad
Después de esta experiencia pensé que quizás deberíamos hacer más PhotoWalks.
No necesariamente necesitamos una cámara profesional.
Ni siquiera necesitamos saber fotografía.
Podemos comenzar con el teléfono.
Porque el verdadero ejercicio consiste en salir de la rutina y decir:
“Hoy voy a mirar este lugar de otra manera.”
Y Lake Eola se presta perfectamente para eso.
Es uno de esos lugares donde cada vuelta alrededor del lago puede producir una fotografía completamente distinta. La fuente, los reflejos, el skyline, los árboles, las personas, los cisnes, la arquitectura y hasta las pequeñas escenas que ocurren alrededor se convierten en posibles historias.
Orlando también merece ser fotografiado
Quizás una de las cosas que más me gusta de vivir en Orlando es descubrir que la ciudad tiene muchas caras.
Está el Orlando de los parques temáticos, por supuesto.
Pero también está el Orlando de los barrios, los lagos, los restaurantes, el arte, los eventos, los emprendedores y las comunidades creativas.
Y Downtown es uno de los lugares donde todas esas versiones se encuentran.
Por eso un PhotoWalk como este me parece mucho más que una actividad para fotógrafos.
Es una invitación a salir de la pantalla y volver a mirar lo que tenemos alrededor.
A caminar.
A conversar.
A observar.
A hacer una pausa.
Y, finalmente, a guardar un pedacito de ese momento en una fotografía.
Porque quizás esa es la verdadera magia de la fotografía:
no siempre necesitas encontrar un lugar nuevo. A veces solo necesitas aprender a mirar de nuevo el lugar donde ya estás.