Los bajos de Gustavo Márquez

En agosto de 2014, C4 Trío se quedó sin bajista de nuevo. Gonzalo Teppa, quien había sustituido a Rodner Padilla tras su mudanza a Estados Unidos, también partía rumbo norte. Aunque el ensamble de cuatristas originalmente funcionaba como trío, desde la incorporación oficial de Padilla no se concebía sin esa base poderosa de registro grave. La cercanía de un compromiso en Margarita obligó al candidato, Gustavo Márquez, a acoplarse en tiempo récord. Lo que desconocían todos era que el joven prodigio de 24 años ya era un grandeliga y se sabía todas las canciones.

Gustavo era, como lo dijo Héctor Molina —su compañero en C4—, lo que llaman en jerga coloquial un fiebrúo. Una esponja absorbiendo conocimiento constantemente. Aprendió todo lo que pudo cuando estuvo en el Coro Infantil Venezuela y, más adelante, en la Universidad de las Artes y en la casa del maestro Gerry Weil. Descrifrar la música de sus agrupaciones favoritas, tanto de rock, como de salsa, gaita zuliana y proyectos de música venezolana como Ensamble Gurrufío, fue lo que lo movió a estudiar, escudriñar y practicar intensamente hasta tener un gran dominio de su instrumento.

La misma obsesión por perfeccionar su técnica le permitió hacerse bajista de la agrupación de Rafael “Pollo” Brito a sus 19 años y, no mucho después, a convertirse en integrante del Aquiles Báez Trío, con el que grabó el álbum San Miguel junto a Betsayda Machado y giró por Estados Unidos.

Con C4, no sólo participó en la grabación del documental celebratorio de la primera década de la agrupación, Los 10 de C4, del que se desprenden momentos históricos junto a figuras como Oscar D’León y Servando Primera. También grabó el álbum Pa’ Fuera, en el que Desorden Público reconstruyó a partir de la propuesta de C4 algunos de sus hits más recordados. Esa obra representó un hito en la carrera de todos los involucrados porque fue nominada al Grammy anglosajón y pudieron viajar a Nueva York a celebrar tal reconocimiento. Además, protagonizaron en el DROM de la gran ciudad una edición inolvidable de Guataca Nights junto a Horacio Blanco.

Gustavo Márquez, quien nació el 31 de julio de 1989, grabó en el Homenaje a Gualberto Ibarreto (2016) editado por Guataca, dirigido por el mandolinista Jorge Torres y realzado por voces de solistas como Laura Guevara, el Pollo Brito, Rafael Pino, Mariaca Semprún, Horacio Blanco, Marianne Malí y Hana Kobayashi. También colaboró en piezas como Malvada mía y Mi mejor amiga en el trabajo de El Tuyero Ilustrado (2016), proyecto de Rafa Pino y Edward Ramírez nominado a los Latin Grammys.

Su última presentación se produjo en el bautizo de Identidad, disco de Miguel Siso con el que colaboró; una obra de tal calidad que logró, ya fallecido Gustavo, el Latin Grammy a Mejor Álbum Instrumental frente a trabajos de los brasileños Hermeto Pascoal, Hamilton de Holanda, Airto Moreira y Yamandú Costa. Ese gramófono había quedado en ediciones anteriores en mano de artistas como Michel Camilo y Tomatito, Chick Corea, Arturo Sandoval y Chucho Valdés. Nada menos.

Cuando murió, el 14 de mayo de 2018, acaba de editarse Giros, el primer trabajo como solista de Héctor Molina, que comienza, desde el primer segundo, con el sonido del bajo de Gustavo. La casa amarilla de El Entable es un dueto de Molina y Márquez de arriba abajo. Allí puede apreciarse su destreza, su capacidad para pasearse por las seis cuerdas de su instrumento (no usaba un bajo de cuatro ni cinco, sino seis cuerdas) para aportar una base sólida y dibujar algo más; contribuir con las armonías, cantar otra canción dentro de la canción.

Ese mismo año, un poco más adelante, fue editado el álbum de Pepperland, proyecto que venezolaniza grandes clásicos de los Beatles, una de las bandas que hicieron que decidiera hacerse músico. Allí, junto a Hana Kobayashi, Gustavo Medina, Héctor Molina, Jorge Torres y compañía, repasó canciones como Michelle, I Want to Hold Your Hand, Lady Madonna y The Fool On The Hill, pero en merengue caraqueño, joropo, danza zuliana.

En 2019, C4 Trío incluyó, en su álbum con Luis Enrique, una canción compuesta por Márquez, titulada Vértigo, que antes habían tocado con él en directo en conciertos como el que ofrecieron en la Casa América Catalunya de Barcelona, España. Tiempo al tiempo, la obra del salsero nicaragüense y el ensamble que contiene la pieza, se llevó dos Latin Grammys, uno de producción para Rodner Padilla y otro al Mejor Álbum Folclórico. De manera que Gustavito también estuvo allí, triunfando en Las Vegas, de alguna forma.

En 2020, ya en plena cuarentena mundial y a dos años de su muerte, nos mostró otra de sus pinceladas de talento. Rafa Pino editó finalmente un álbum en el que tenía más de cinco años trabajando. En el Catálogo de materias pendientes Vol. 1, otra prueba del progreso extraordinario que ha experimentado la música venezolana de este siglo, el bajista dejó su impronta en canciones como Punto y seguimos y Buscando el modo.

Gustavo Márquez era un cohete que apenas hacía ignición para despegar. Falleció a los 28 años de edad, a un par de meses de cumplir 29. Un linfoma lo sorprendió en plena explosión de producción artística; una explosión de la que seguimos viendo —y escuchando— su onda expansiva.

Publicado por: Isabela Isern

Fuente: guatacanights.com

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