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El Quinó: camino aborigen ancestral donde se sueña la luz
Escrito por en 21.06.2012La Cordillera de Los Andes posee una enorme y variada topografía que combina paisajes de pie de monte con el de los páramos atravesando bosques nublados y cafetales de sombra. Es una de las reservas de biodiversidad más importantes de nuestro país. Allí enclavada está la mítica aldea de El Quinó llamada así por los indios Quiníes; ubicada en el Parque Nacional Sierra Nevada Edo. Mérida. Iniciamos nuestro viaje desde Barinas donde gracias a las cooperativas Bosque Nublado y Mukusangú nos trasladamos a Socopó para continuar hasta el primer punto de descanso en el pie de monte llanero-andino.
Palo quemao: Constituído por viviendas entre montañas desde donde avistamos las extensas llanuras de Barinas. Ascendimos en lomo de mulas entre bosques húmedos con anaranjados bucares atravesando soleados potreros. Aquí habitan guacharacas, tucanes pavas de monte, coloridas mariposas, araguatos y el oso frontino, también aves como el gallito de la sierra, paují copete de piedra, pico de plata, colibrí cuello azul y huainices entre tantos. Sus habitantes hospitalarios dedicados al cultivo del café, yuca y maíz.
La Aguada: Edgard Pérez y familia de la Mucuposada del mismo nombre, nos ofrecieron un rico almuerzo tradicional y luego nos llevaron a un escondido riachuelo con cascada donde disfrutamos una refrescante zambullida. Al otro día el canto de los tucanes nos dió los buenos días y los baquianos tempraneros nos ensillaron las mulas. Pasamos El Cadeno y el puente antiguo sobre el río Socopó. Gavilanes volaban a nuestro paso. Se descubrió entonces un paisaje de enormes potreros y puras cuestas: La Casimba, la Lagunita. El canto de las chicharras nos acompañó buena parte del camino.

El Quinó: Al llegar descansamos en la Mucuposada La Paragüita donde Teodolio Dávila y familia brindaron un rico café de bosque como bienvenida y sencillas literas. Junto al gran taparo contiguo a la capilla supimos que esa noche habría una última Paradura del Niño Jesús a la cual fuimos invitados. Compartimos con Don Antonio Dávila poeta del Quinó quien nos relató “la montaña es la madre de la flora, la fauna y del agua que alimenta y sana” “Yo nací cuando mis padres se echaron una encontradita en un baile”. Caía la tarde cuando pasó una bandada de loros. Ya de noche, niñas y niños en juegos de ronda, músicos con violines ofrendando versos al Niño, una estampa viva de cultura y tradición. Un baquiano expresó “para ser baquiano no basta con conocer el camino, los saberes culturales y los dones de la naturaleza, también hay que satisfacer a los visitantes” y nos leyó: El Quinó donde el camino es una aventura, la gente una maravilla, la aldea un sueño, el paisaje un tesoro, usted un visitante felíz y el café una divinidad”. Ya al clarear de nuevo sobre las mulas nos adentramos por Cuesta del Ramo y la Boroquera, el Alto de La Cruz y la Cuesta de La Bandera, allí apreciamos una impactante vista de las cumbres de los picos llamados las cinco Águilas blancas hasta que arribamos a un campamento en las alturas.

Boca e ‘monte: refugio paramero con carpas donde comimos junto a los baquianos dándonos descanso y a las mulas. Noche estrellada infinita y helada. Escarchado amanecer donde proseguimos ruta atravesando Loma de Paja, Piedra Bosaliada,Alto de los Portones, La Ventana, Altos de Mukutaki y Mukután y Filo de la Ratona entre “platanillos” y helechos por empinados caminos con lajas de piedra. Conseguimos un enorme caraño árbol medicinal buen antibiótico natural tesoro de nuestros bosques. Por el camino Isabelino y otros baquianos bebían agua de panela para ganar fuerza hasta llegar a la antigua hacienda El Carrizal. Francisco, Rafaela e hijos junto a Alirio Castillo nos mostraron la hermosa casona que posee grandes baúles de madera, catres y hasta un horno de barro. De mañana subimos en rústico hasta nuestra última parada: Los Nevados, no sin antes bañarnos en el pedregoso río Nuestra Señora del Rosario. Aplaudimos estas alternativas de turismo de base comunitaria una excelente oportunidad para adentrarse en la Cordillera Andina y descubrir los secretos allí guardados por la naturaleza. Esta ha sido una inolvidable vivencia con toda la luz y los verdes del mundo!

Texto y fotografías: Iván Hernández-Rojas
Mochilero por veredas y atajos de Venezuela
Opc *Recuadro de sugerencias: Llevar un morralito “de ataque” para cosas a la mano como: protector solar, sombrero o gorra, repelente, lentes de sol, cortavientos o impermeable, abrigo-chaqueta de fibra polar, agua suficiente, manteca de cacao barra. Ropas anchas frescas sintéticas livianas de fácil secado y abrigadas también ya que el clima es muy variable, botines tobilleros (dos calzados para alternar), traje de baño. Nada de jeans. Guantes y gorros, medias gruesas para las zonas más frías. Sandalias para descansar los pies en las paradas. Morral mediano. Muchas bolsas plásticas con cierre. Bolsas negras de basura para forrar el morral por dentro y fuera. Linterna frontal o de mano. Medicinas personales. Barras de energía, caramelos, granola y chocolate para la marcha aun si van en mulas. Cámaras, cargadores, baterías. Peso máximo por animal de carga 20 kg.

Opc **Recuadro de contactos: www.andestropicales.org, www.ekkaiatravel.com, cooperativa Bosque Nublado y cooperativa Mukusangú telf.: 2742636884-8633 04166743561 Bianca Alarcón en la Ciudad de Mérida/ Barinas: Rodrigo Márquez 04269285564 y Edgard Pérez 04269763862/La Aguada: Baquianos el Quinó 04267778942/Carrizal-Los Nevados: Williams Meza 04147541908






